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Dos luces tras la ventana

Dos luces tras la ventana, The Rake

Se repite el horrible ritual de todas las noches. El joven que es un chico bueno de 24 años de edad, que aún vive en casa de sus padres. Se encuentra como de costumbre dando vueltas en su cama, intentando conciliar el sueño. No quiere encender el televisor porque ya ha pasado por esa etapa muchas veces y sabe bien que el televisor no le va ayudar,  leer un libro tampoco lo va a ser y su madre es necia, pero necia en el buen sentido porque no le quiere dar pastillas. Pues las pastillas para dormir son muy malas para la salud de alguien que sufre insomnio.


Las horas pasan y cada minuto es eterno. Él vive una pequeña historia cada noche con los ojos abiertos mientras yace recostado en la oscuridad en su cama, pensando en todo y pensando en nada al mismo tiempo si es que acaso eso es posible en la vida de un noctámbulo.

 

Presa de la desesperación el chico de 24 años toma la almohada y se la pone en la cara cómo si se intentará sofocarse él mismo. Agotado, el joven posa sus ojos sobre la ventana, las cortinas están abiertas. Con la mirada perdida y viendo a través del vidrio con los ojos entrecerrados logre enfocar a la distancia dos luces.

 

Él piensa, piensa en su vida, piensa en las chicas que le gustan, piensa en diferentes cosas mientras contempla esas dos luces de color amarillo pálido verdoso, qué el supone deben ser de dos faros de la calle. Dos luces una a lado de la otra, es en ese momento cuando el milagro ocurre, el joven cierra sus ojitos y se queda profundamente dormido.

 

Al día siguiente él no se acuerda de nada, ni de como por fin logró quedarse dormido. Pero esto no le importó durante el transcurso del día. El estaba feliz pues por fin en mucho tiempo el había dormido bien.

 

Ese mismo día cuando vuelve la noche el se encuentra acostado. Habían pasado pocas horas a comparación de la noche anterior, cuando el recordó "las dos luces". Y como si de un sueño hecho realidad se tratara nuevamente esas dos luces estaban ahí.

 

Muy para su tortura las contempla en la inmensidad del oscuridad de la noche. Dos luces de un color amarillo muy pálido parecido que fueran distantes. Él se les queda contemplando durante un largo tiempo mientras piensa en diferentes cosas. Nota que de vez en cuando las luces parpadean, titilando ambas al mismo tiempo.

 

Se les queda viendo durante un rato como si fueran algo hipnótico afuera del vidrio de la ventana, hasta que finalmente se vuelve a quedar dormido. Pero esta vez al día siguiente se acuerda de lo sucedido y se pone muy contento saltando y gritando por toda la habitación; "mis luces salvadoras". Aún algo eufórico se detiene y se lleva las manos en la cabeza y es en ese momento cuándo él recuerda algo que había leído en Internet sobre desórdenes del sueño acercándose a la ventana con una sonrisa en el rostro tratado de ubicar los dos faros.

 

Esas luces que jamás había visto en todos los años que lleva viviendo allí. Pero por más que él pasea la mirada de derecha a izquierda buscando aquellas luces. Y por más que se fija en cada una de las cosas que hay en en el centro es lo único que atina a ver son otras casas, pero no ningún faro de luz.

 

Los faros de luz se encuentran ubicados en otros lugares completamente distintos a los que siempre mira de noche. Ni siquiera había dos faros de luz juntos, había unos detrás de otros pero era imposible no se parecían en nada a los que él conocía. 

 

Entonces él cada vez se va perturbando más, ¿pero dónde están? exclamaba él ya los había visto dos noches seguidas. Y entonces al poner los dedos al borde de la ventana asomando la cabeza, él nota protuberancias extrañas.

 

Aguantando la respiración, el joven baja lentamente la cabeza y se da cuenta de unas muy profundas marcas de garras gigantescas que dañaron y astillaron la madera del marco de su ventana. Desde ese día sus problemas de insomnio empeoraron mucho...

 

Extraído de: Dross cuenta 3 historias de terror XXVI.

Adaptación y ilustración Davinchi el wxp.

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