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El aterrador ejercicio nuclear de Totskoye

El ejercicio nuclear de Totskoye fue un hecho bárbaro y reprobable ocurrido el 14 de septiembre de 1954. Donde se dejo morir a decenas de miles inocentes soldados. En esa época los jerarcas y altos mandos de la Unión Soviética, trataron de prever y saber como seria una guerra nuclear contra los Estados Unidos.

 

Tras detonar una bomba nuclear a 350 metros de altura. Mandaron una avanzada de 45,000 soldados a marchar debajo del radio de la explosión. El artefacto nuclear, un dispositivo conocido como RDS-3, fue arrojado desde los 8000 metros de altura por un bombardero Tu-4, y explotó con toda la potencia de sus 40 kilotones, a unos 350 metros a la redonda sobre los campos de Totskoye.

 

Unos instantes después, cuando la nube en forma de hongo aún no había terminado de elevarse, los aviones de combate y las fuerzas de artillería inauguraron las maniobras, abriendo fuego sobre blancos situados cerca del epicentro de la explosión. Tres horas más tarde, en medio de los incendios provocados por el calor de la bomba y marchando sobre un terreno altamente contaminado por la radiación, las tropas de infantería marcharon hacia la “zona cero”.

 

Más de 45 mil soldados, 600 tanques, 600 vehículos blindados y un gran número de aviones se dirigieron hacia la zona. Los civiles de las aldeas cercanas ignoraban por completo lo que estaba por suceder.

 

A los soldados se les mintió de manera descarada con la intención de tranquilizarlos, argumentando que explosión se trataba de una simple imitación que emularía una explosión nuclear quienes no murieron con los pulmones calcinados los intestinos llenos de cenizas y polvo desechos o evaporizados asfixiados por vapores tóxicos.

 

Lo hicieron poco tiempo después producto de la radiación. en medio de gritos y agonía. Los cadáveres fueron abandonados. Quizá es por ese motivo que el gobierno aun hoy, prohíba la entrada a reporteros en esta zona, pues tal vez encontraran huesos humanos por doquier.

 

En una zona circular de 300 metros de diámetro no había quedado absolutamente nada, solo tierra arrasada. Los cinco kilómetros siguientes eran un infierno de incendios, que afectaron varias aldeas vecinas, comoMakhovka, Olkhovka y Yelshanka, que debieron ser evacuadas. El viento, que soplaba a unos 20 kilómetros por hora, contribuyó a diseminar el polvo radioactivo por las zonas circundantes.

 

No se sabe exactamente cuantos civiles y soldados murieron a consecuencia de este experimento, pero las crónicas dan cuenta que muchos soldados -a pie y sin protección adecuada- estuvieron realizando maniobras de combate a menos de 800 metros del epicentro de la explosión.

 

La Unión Soviética nunca ha sido, y mucho menos en aquellos años, muy amante de proporcionar datos confidenciales a la prensa, pero las estimaciones basadas en el poder del explosivo utilizado y las posiciones de las tropas y de las poblaciones civiles han permitido estimar en “centenares” los muerto en el lapso de unos pocos días.

 

Miles de personas soportaron graves problemas de salud durante el resto de sus vidas, y se sabe que al menos el piloto y navegante del bombardero encargado de arrojar la RDS-3 murieron a causa de la leucemia y el cáncer oseo.

 

Los campesinos y aldeanos evacuados fueron devueltos rápidamente a sus lugares de origen, donde siguieron cultivando y consumiendo los productos de sus tierras. Muchos de ellos también desarrollaron cáncer. Estudios muy posteriores, realizados en 1997, demuestran que los habitantes de esa región de Orenburg poseen índices muy altos de enfermedades relacionadas con la radiación.

 

A unos 200 kilómetros del centro de la explosión, aún hoy, tienen lugar más casos de canceres que en el resto del país. Algunas fuentes sostienen que esta tasa es incluso el doble más alta que en los evacuados de la ciudad de Chernobyl en 1986.

 

Nadie puede dudar que semejante experimento es una absoluta atrocidad. Sin embargo, y a pesar de lo que en general puede creerse, no sólo la ex URSS ha utilizado a grandes grupos de personas como conejillos de indias.

 

Es imposible enumerarlos a todos, pero desde los científicos de Estados Unidos que alguna vez inyectaron yodo radioactivo a personas (que no sabían lo que les estaban haciendo) para ver que trastornos les causaba hasta las multinacionales farmacéuticas que en varias oportunidades han probado medicamentos experimentales en el tercer mundo.


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